Víctor L. Villarabid
Los tiempos cambian a ritmos acelerados pero siempre con perdida de los valores que hasta ahora vino distinguiendo al hombre del animal. Personalmente me estoy dando cuenta de que también yo estoy sufriendo una metamorfosis que me está llevando a incluirme en ese colectivo perteneciente a los degradados.
Hasta ahora era el gran amigo y hasta amante de los animales, preferentemente del perro, si bien cuando leía esas noticias que llegaban de América, dando cuenta de herencias y otras extravagancias que se les dedican a las canes y gatos, mientras los reportajes de África y otros de no tan lejanas tierras e incluso dentro del mismo país americano, yo vengo perdiendo interés por esos animales, y lo que es lo peor, ganando cierta alevosía hacia el rey de
Este cambio tan radicalizado me llegó estos días a raíz de leer una entrevista con una profesional de venta de animales domésticos. El establecimiento está radicado en Lugo, no de América, París o Madrid.
No dice la sensible profesional, cuando menos nos lo preció a juzgar las contestaciones que le da a
Nosotros consideramos más grave todavía, los costos del mantenimiento de los animales, sobre 300 o 400 euros mensuales dice, (lo que ganan de sueldo mensual muchos jubilados).
No obstante nuestra mayor sorpresas y enfado llega cuando la dependiente dice que ‘a mayores las genes les compra a sus perros ropa, botas, viseras, pañuelos, juguetes y golosinas…’.
Supongo que algunas personas sensatas quedan en el mundo y a ellos recurro para tener alguien que me comprenda. ¿Cómo no van surgir crisis ante tales decadencias sociales?
Es de suponer que ante mi postura no falte la protesta de quienes se han convertido en los grandes defensores, a veces a ultranzas, de los animales, a quines, conocemos algunos casos, que poco o nada les importa la situación de su vecino de escalera.
Bromas aparte, yo seguiré queriendo a los animales, tanto al perro como al gato y no consentiré, si esta en mis manos, que pasen hambre, ahora bien, siempre que en mi mesa me queden restos. No me gastaré los 300 0 400 euros en los animales cuando por ese dinero tanto bien puede hacer a un semejante.

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